jueves, 11 de abril de 2013

Paro cardiorrespiratorio: ¿Está usted preparado para actuar?

Las intervenciones que se realizan en los segundos siguientes luego de que una persona sufre un paro cardíaco, son trascendentales en el pronóstico y en las secuelas neurológicas posteriores. Es por esto que la presencia de un testigo que tenga conocimientos adecuados en reanimación cardiopulmonar (RCP) va a ser determinante en el desenlace de la víctima.
Se estima que menos de un tercio de los pacientes que sufren paro cardiorrespiratorio en el ámbito extrahospitalario reciben ayuda efectiva, la gran mayoría de las veces porque los espectadores desconocen las medidas básicas de reanimación cardiopulmonar y otras por el temor de aquel que las conoce, de comprometerse en estas situaciones.
La Fibrilación ventricular (FV) es el principal ritmo de paro cardíaco en la población adulta y corresponde a una alteración en la que el corazón entra en caos y no puede funcionar correctamente, por lo cual la persona colapsa y de no recibir tratamiento oportuno, fallecerá en contados minutos. Su tratamiento definitivo es la desfibrilación, que consiste en administrar una descarga de energía al corazón a través de un dispositivo especial denominado desfibrilador. Se sabe que por cada minuto que pasa desde que la víctima entra en FV y no es desfibrilado  disminuye cerca de 10% las probabilidades de que salga del paro, es decir, que pasados 10 minutos la probabilidad de supervivencia es casi nula.  Sin embargo, cuando se practican maniobras de reanimación adecuadas la posibilidad de supervivencia aumenta significativamente. Por lo anterior, se hace necesario que la población general aprenda e interiorice las maniobras de RCP y se eduque para responder de manera precisa y oportuna ante  estas situaciones.
Hay organizaciones como la Asociación Americana del Corazón que se encargan de actualizar, simplificar y divulgar las guías de soporte vital básico, para que el público en general tenga acceso a ellas. Principalmente, lo que se busca es que la comunidad, sobre todo aquellas personas que no están vinculadas al área de la salud, aprendan a identificar cuando una víctima colapsa, pidan ayuda de manera adecuada comunicándose con la línea de urgencias local, soliciten un desfibrilador externo automático (DEA), inicien de manera oportuna maniobras de reanimación consistentes en compresiones torácicas efectivas, y aprendan a utilizar el DEA. Esta secuencia de acciones aparentemente simple, requiere que el reanimador sea una persona capaz de manejar situaciones de alto estrés sin perder la calma, y que pueda aplicar los conceptos de manera íntegra para aumentar las posibilidades de supervivencia de la víctima.
Una de las principales limitantes para que este proceso fluya de manera idónea es la dificultad que puede presentarse entre el personal no entrenado de reconocer cuando una persona entra en paro y por ende, esto trae consigo demoras en la activación del sistema de emergencias y en el inicio de las maniobras de RCP, hechos que van en detrimento del paciente. De igual forma, aspectos como la necesidad de dar respiración boca a boca limitan a muchas personas a brindar ayuda cuando es necesario. Se debe hacer especial énfasis en que las personas no están obligadas a realizar estas maniobras de respiración y que la recomendación de los expertos  es la de realizar compresiones torácicas correctamente hasta que llegue la ayuda del personal médico. Hay que resaltar que las compresiones torácicas constituyen el elemento más importante dentro de las maniobras de reanimación, ya que son las que permiten que la sangre siga circulando y llegue a órganos fundamentales como el cerebro. Por lo tanto, el tiempo en que no se realizan es tiempo que favorece el daño de órganos vitales, que finalmente puede llevar a la muerte o dejar secuelas graves e irreversibles que afectarán la calidad de vida del paciente.
De igual forma, se debe tener en cuenta que para que este proceso se complete de manera integral, es necesario que existan otros elementos importantes, como son la presencia de un sistema de respuesta a emergencias eficaz, que garantice la prestación de ayuda oportuna, con personal calificado y con los dispositivos indicados, además de centros de formación en soporte cardiovascular básico y avanzado que se encarguen de entrenar al personal médico y no médico en las habilidades correspondientes.
Un grupo de respuesta a emergencias integral, requiere la presencia de un sistema de comunicación de fácil acceso,  un equipo de información capaz de orientar a las personas que solicitan ayuda, medios de transporte con personal calificado y con dispositivos médicos especializados que incluyan un desfibrilador. De nada sirve que un testigo solicite ayuda y comience maniobras de RCP si ésta nunca llega, no acude oportunamente, o no cuenta con la dotación adecuada. Cuando un testigo no entrenado en reanimación cardiopulmonar, activa el  sistema de emergencias, debe recibir por personal capacitado, instrucciones claras y sencillas que le permitan practicar compresiones torácicas mientras llega la ayuda.
De igual manera, los sitios que albergan gran cantidad de público, como colegios, universidades, centros comerciales, entre otros, deben contar con desfibriladores externos automáticos (DEA) de fácil acceso para la comunidad. Estos equipos están diseñados para ser utilizados por cualquier persona, aun sin conocimientos médicos, ya que cuentan con sistemas auditivos y visuales que orientan a quien los manipula. El hecho de acceder rápidamente a un DEA favorece de manera significativa el proceso de la reanimación y aumenta considerablemente las posibilidades de supervivencia. Es por esto, que todos los esfuerzos van dirigidos a disminuir el tiempo en el que no se administran compresiones torácicas y reducir el intervalo entre el colapso y la desfibrilación, cuando está indicada.
Por todo lo anterior, se deben establecer estrategias de capacitación y entrenamiento para las personas que deseen aprender estos conceptos y competencias, que eventualmente pueden salvar una vida.
Es responsabilidad de las entidades de salud en general, hospitales y universidades la divulgación de la información y entrenamiento de la comunidad. Es necesario que nuestra ciudad entre en la cultura de la reanimación y que se socialice la importancia del conocimiento y entendimiento de estas habilidades.
Para algunas personas el entrar en paro cardiaco puede corresponder realmente al final de la vida, generalmente por condiciones patológicas avanzadas o simplemente por el paso inexorable del tiempo, pero en la mayoría de los casos, este suceso se debe a situaciones potencialmente reversibles, que muy seguramente requerirán atención profesional especializada, pero  en quienes será de trascendental relevancia el abordaje inicial de quien presencia el hecho.
Finalmente, cabe resaltar el compromiso que tenemos de conocer y aplicar las guías de reanimación, comprendiendo que el día menos pensado nos podemos ver envueltos en una situación en la que nuestro conocimiento puede ser determinante para la vida de alguien más. Ninguna persona está exenta de vivir esta situación, y como dicen los expertos  en este campo: “Nadie está tan viejo que no pueda vivir un año más, ni tan joven que no pueda morir mañana”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario