Las intervenciones que se
realizan en los segundos siguientes luego de que una persona sufre un paro
cardíaco, son trascendentales en el pronóstico y en las secuelas neurológicas
posteriores. Es por esto que la presencia de un testigo que tenga conocimientos
adecuados en reanimación cardiopulmonar (RCP) va a ser determinante en el desenlace
de la víctima.
Se estima que menos de un tercio
de los pacientes que sufren paro cardiorrespiratorio en el ámbito
extrahospitalario reciben ayuda efectiva, la gran mayoría de las veces porque
los espectadores desconocen las medidas básicas de reanimación cardiopulmonar y
otras por el temor de aquel que las conoce, de comprometerse en estas
situaciones.
La Fibrilación ventricular (FV)
es el principal ritmo de paro cardíaco en la población adulta y corresponde a una
alteración en la que el corazón entra en caos y no puede funcionar
correctamente, por lo cual la persona colapsa y de no recibir tratamiento
oportuno, fallecerá en contados minutos. Su tratamiento definitivo es la
desfibrilación, que consiste en administrar una descarga de energía al corazón
a través de un dispositivo especial denominado desfibrilador. Se sabe que por
cada minuto que pasa desde que la víctima entra en FV y no es desfibrilado disminuye cerca de 10% las probabilidades de
que salga del paro, es decir, que pasados 10 minutos la probabilidad de
supervivencia es casi nula. Sin embargo,
cuando se practican maniobras de reanimación adecuadas la posibilidad de
supervivencia aumenta significativamente. Por lo anterior, se hace necesario que
la población general aprenda e interiorice las maniobras de RCP y se eduque
para responder de manera precisa y oportuna ante estas situaciones.
Hay organizaciones como la
Asociación Americana del Corazón que se encargan de actualizar, simplificar y divulgar
las guías de soporte vital básico, para que el público en general tenga acceso
a ellas. Principalmente, lo que se busca es que la comunidad, sobre todo
aquellas personas que no están vinculadas al área de la salud, aprendan a
identificar cuando una víctima colapsa, pidan ayuda de manera adecuada
comunicándose con la línea de urgencias local, soliciten un desfibrilador
externo automático (DEA), inicien de manera oportuna maniobras de reanimación
consistentes en compresiones torácicas efectivas, y aprendan a utilizar el DEA.
Esta secuencia de acciones aparentemente simple, requiere que el reanimador sea
una persona capaz de manejar situaciones de alto estrés sin perder la calma, y
que pueda aplicar los conceptos de manera íntegra para aumentar las posibilidades
de supervivencia de la víctima.
Una de las principales limitantes
para que este proceso fluya de manera idónea es la dificultad que puede
presentarse entre el personal no entrenado de reconocer cuando una persona
entra en paro y por ende, esto trae consigo demoras en la activación del
sistema de emergencias y en el inicio de las maniobras de RCP, hechos que van
en detrimento del paciente. De igual forma, aspectos como la necesidad de dar
respiración boca a boca limitan a muchas personas a brindar ayuda cuando es
necesario. Se debe hacer especial énfasis en que las personas no están
obligadas a realizar estas maniobras de respiración y que la recomendación de
los expertos es la de realizar
compresiones torácicas correctamente hasta que llegue la ayuda del personal
médico. Hay que resaltar que las compresiones torácicas constituyen el elemento
más importante dentro de las maniobras de reanimación, ya que son las que
permiten que la sangre siga circulando y llegue a órganos fundamentales como el
cerebro. Por lo tanto, el tiempo en que no se realizan es tiempo que favorece
el daño de órganos vitales, que finalmente puede llevar a la muerte o dejar
secuelas graves e irreversibles que afectarán la calidad de vida del paciente.
De igual forma, se debe tener en
cuenta que para que este proceso se complete de manera integral, es necesario
que existan otros elementos importantes, como son la presencia de un sistema de
respuesta a emergencias eficaz, que garantice la prestación de ayuda oportuna, con
personal calificado y con los dispositivos indicados, además de centros de
formación en soporte cardiovascular básico y avanzado que se encarguen de
entrenar al personal médico y no médico en las habilidades correspondientes.
Un grupo de respuesta a emergencias
integral, requiere la presencia de un sistema de comunicación de fácil
acceso, un equipo de información capaz
de orientar a las personas que solicitan ayuda, medios de transporte con
personal calificado y con dispositivos médicos especializados que incluyan un
desfibrilador. De nada sirve que un testigo solicite ayuda y comience maniobras
de RCP si ésta nunca llega, no acude oportunamente, o no cuenta con la dotación
adecuada. Cuando un testigo no entrenado en reanimación cardiopulmonar, activa el sistema de emergencias, debe recibir por
personal capacitado, instrucciones claras y sencillas que le permitan practicar
compresiones torácicas mientras llega la ayuda.
De igual manera, los sitios que
albergan gran cantidad de público, como colegios, universidades, centros
comerciales, entre otros, deben contar con desfibriladores externos automáticos
(DEA) de fácil acceso para la comunidad. Estos equipos están diseñados para ser
utilizados por cualquier persona, aun sin conocimientos médicos, ya que cuentan
con sistemas auditivos y visuales que orientan a quien los manipula. El hecho
de acceder rápidamente a un DEA favorece de manera significativa el proceso de
la reanimación y aumenta considerablemente las posibilidades de supervivencia.
Es por esto, que todos los esfuerzos van dirigidos a disminuir el tiempo en el
que no se administran compresiones torácicas y reducir el intervalo entre el
colapso y la desfibrilación, cuando está indicada.
Por todo lo anterior, se deben
establecer estrategias de capacitación y entrenamiento para las personas que deseen
aprender estos conceptos y competencias, que eventualmente pueden salvar una
vida.
Es responsabilidad de las
entidades de salud en general, hospitales y universidades la divulgación de la
información y entrenamiento de la comunidad. Es necesario que nuestra ciudad
entre en la cultura de la reanimación y que se socialice la importancia del
conocimiento y entendimiento de estas habilidades.
Para algunas personas el entrar
en paro cardiaco puede corresponder realmente al final de la vida, generalmente
por condiciones patológicas avanzadas o simplemente por el paso inexorable del
tiempo, pero en la mayoría de los casos, este suceso se debe a situaciones
potencialmente reversibles, que muy seguramente requerirán atención profesional
especializada, pero en quienes será de
trascendental relevancia el abordaje inicial de quien presencia el hecho.
Finalmente, cabe resaltar el
compromiso que tenemos de conocer y aplicar las guías de reanimación,
comprendiendo que el día menos pensado nos podemos ver envueltos en una
situación en la que nuestro conocimiento puede ser determinante para la vida de
alguien más. Ninguna persona está exenta de vivir esta situación, y como dicen
los expertos en este campo: “Nadie está tan viejo que no pueda
vivir un año más, ni tan joven que no pueda morir mañana”.
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