miércoles, 1 de mayo de 2013

Tiempo es cerebro: cada segundo cuenta después de un ACV

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El accidente cerebrovascular (ACV) isquémico constituye una emergencia médica que requiere intervención temprana y oportuna para aumentar las probabilidades de un mejor pronóstico. Muchas veces las consecuencias finales en este tipo de situaciones se pudieran evitar si el paciente acudiera a un servicio de emergencias apropiado donde recibiera el tratamiento pertinente.
La gran mayoría de las personas no reconocen con claridad los signos tempranos que pudieran alertar de la presencia de un proceso isquémico cerebral y por ende no acuden de inmediato al servicio de salud. De igual forma, muchos pacientes ignoran la sintomatología que pudiera ser premonitoria y cuando acuden al médico ya se ha perdido tiempo valioso. Contrario a lo que se creía anteriormente, las opciones de tratamiento para un paciente con ACV isquémico han avanzado de manera notable y hay alternativas muy importantes que podrían mejorar la calidad de vida de quien lo padece. 
De manera general se puede definir el ACV como una alteración ocasionada por la obstrucción del flujo sanguíneo hacia el  cerebro lo que conlleva a falta de oxigenación de las neuronas que son las células cerebrales. Todo este proceso puede ocasionar daños graves e irreversibles. Estudios clínicos han demostrado que cuando se logra detectar esta alteración en las primeras 4 horas y media después del inicio de los síntomas, es posible realizar una intervención médica que se conoce con el nombre de trombólisis cerebral, la cual puede mejorar el pronóstico de los pacientes.
Este procedimiento consiste básicamente, en administrar un medicamento intravenoso que resuelve la obstrucción permitiendo, en distinto grado, el retorno del flujo sanguíneo hacia el cerebro. Si bien es cierto que aunque esta intervención puede presentar algunas complicaciones, para disminuir el riesgo de estas debe ser aplicado correctamente, teniendo en cuenta una serie de criterios médicos establecidos.
Como se mencionó anteriormente, el tiempo es uno de los criterios más relevantes por lo que es de vital importancia que las personas en general conozcan cuales son los signos de alarma para acudir a un centro apropiado de atención médica. La pérdida súbita de la fuerza en una de las extremidades superiores, la evidencia de que un lado de la cara se mueve menos que el otro o la alteración en la pronunciación de las palabras constituyen signos determinantes que nos indican que una persona puede estar presentando un accidente cerebrovascular por lo cual debe recibir atención médica de inmediato. Ya en el servicio de urgencias el médico capacitado determinará, según una serie de parámetros  clínicos y la realización de una tomografía simple de cráneo, si el paciente cumple los criterios para recibir el tratamiento “trombolítico” u otro tipo de intervención médica.
Es de suma importancia socializar la  información correspondiente a las estrategias de modificación de los factores de riesgo  con el fin de disminuir la alta tasa de enfermedad cerebrovascular en la población general. Un buen estilo de vida basado en hábitos saludables como el ejercicio regular, dieta balanceada y el control de las enfermedades como la hipertensión arterial y la diabetes pueden ayudar a prevenir la presencia de esta alteración.
Se hace necesario la implementación de medidas de información y capacitación en la comunidad y algunos centros de atención primaria de salud, para direccionar oportuna y acertadamente a los pacientes con sospecha de accidente cerebrovascular a las instituciones que cuenten con el protocolo establecido para realizar la  trombólisis en caso que pueda ser aplicado, ya que cada minuto que pasa entre la instauración del evento y la no implementación de las medidas terapéuticas se constituye en aumento del daño cerebral y por consiguiente en la presencia de secuelas que pueden llegar a ser severas o incluso comprometer la vida.  Es responsabilidad de las entidades de salud en general, hospitales y universidades la divulgación de la información y entrenamiento de la comunidad.
Evidentemente todos los esfuerzos apuntan a actuar rápidamente identificando el probable ACV isquémico dado que cada segundo es vital, por lo que claramente se puede entender que en este tipo de patologías el tiempo perdido corresponde a mayor daño cerebral, en otras palabras que “Tiempo es cerebro”. 

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