domingo, 7 de abril de 2013

Pocas veces curar


Pocas veces curar, muchas veces consolar…

En alguna clase de Bioética en el pregrado, el profesor nos citaba esta frase: “… el medico pocas veces  cura,  pero siempre tiene que consolar…” Palabras que en muchas ocasiones los médicos olvidamos. Pasamos horas y horas de nuestras vidas, frente a libros, frente a computadores leyendo sobre complicados mecanismos fisiopatológicos, sobre rimbombantes estudios hechos por grandes farmacéuticas sobre que droga usar que droga no usar, comparaciones en cuanto a calidad de vida con complicadas escalas que en ocasiones muchos pacientes llenas por llenar.
Cuantas veces nos detenemos en el ejercicio médico a saber quién tenemos al frente. Lucho todos los días por saber todas estas complicadas cosas que tenemos que saber los médicos sobre las enfermedades, pero definitivamente nos falta mucho sobre saber quién es el que las tiene. Ese pedro, ese juan, esa maría, esa lucia, que tiene esclerosis lateral amiotrófica, ese que tiene el ataque cerebrovascular, ese en quien su cuerpo ha dejado de funcionar correctamente. Pero día tras día me doy cuenta, lo mucho que me falta de saber de esa persona.
El interrogatorio médico, al que usted muchas veces ha sido sometido, se basa en llenar síntomas encontrar signos, para darle un diagnóstico de una enfermedad, y establecer un plan de tratamiento. Muchos médicos hasta ahí llegamos. ¿Cuántas veces como médicos nos detenemos a preguntar, como estás, que piensas, te encuentras contento con mi atención?
Todo esto sale a propósito de 2 casos que son opuestos en cuanto a su manejo y pronóstico pero fueron similares en cuanto a un resultado: Tranquilidad y alegría por parte de su familia. Curiosamente eran 2 niños, ubicados en la misma habitación, 2 madres, jóvenes ambas, un niño con un tumor de muy mal pronóstico, agresivo, en quien se le había dicho a la madre que no se podía operar, que solo se podía hacer manejo que llamamos paliativo ( manejo que estamos equivocados en pensar solo en morfina y oxigeno) y otro niño, aquejado por una rara clase de encefalitis, que hacía que el niño convulsionara desde temprana edad a quien se le había dicho que una cirugía seria completamente curativa.
¿Que esperaría usted de las actitudes de las madres y los niños? Nuestro sistema de salud y nuestro pensamiento tanatofobico nos haría pensar en una madre hecha lágrimas y otra llena de alegría. El entorno era muy diferente. Ambas madres se encontraban tranquilas, ambas sabían cuáles eran los desenlaces de sus hijos, pero el sólo hecho de hablar con ellas, de consolar a los niños y a los padres, de hablar claramente con ellos de lo mejor en cada caso, hizo que tal vez a uno de los niños no estuviera tal vez curado desde el punto de vista antes descrito, pero definitivamente un niño y una familia feliz, solo con el arte de hablar, de decir las palabras precisas de dar fuerzas de acompañar. Cree usted que la ciencia médica fallo con el niño del tumor inoperable. Creo yo que no. Creo que hicimos nuestra principal función, consolar, escuchar, ser humanos que al fin y al cabo es todo lo que somos.
Por eso día tras día en mi entrenamiento como especialista, me esfuerzo muchas horas en entender todo el entramado complejo que tienen las enfermedades, pero día tras día, me entreno en tener esa actitud que va al fin y al cabo a hacer que usted sea feliz y se sienta pleno.  Todos los días saber escuchar, entrar en contacto con el paciente, todos los días aprender a hacer lo que la gran mayoría de veces es lo único que podemos hacer los médicos, Consolar.


Dr. Elkin Jose Beltrán Carrascal.

1 comentario:

  1. En las brillantes escuelas francesas de medicina del siglo 19, se acuñó la frase "curar a veces, prevenir con frecuencia, consolar siempre". Aunque olvidada con frecuencia, nos recuerda que no es la enfermedad la que tratamos sino al enfermo, con sus más y su menos, con su nombre, con su carácter peculiar, en síntesis con todo lo que es. Quizás esa curación a través de la palabra sea el genuino consuelo, el sincero apoyo que algunos pacientes requieren y que constituye unos de los núcleos irrenunciables de nuestro oficio.

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